Herramientas para la participación adolescente

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Presentación

Adolescencia y participación constituyen la base conceptual de todos los materiales producidos en el marco del proyecto Herramientas para la participación adolescente (guías y videos), más allá de la especificidad temática que cada una de las guías y películas contempla. Por ello, se sugiere que no se trabajen los kits 2, 3, 4 y 5 sin previamente hacerlo con el primero, compuesto por la guía Adolescencia y participación y el cortometraje El ropero. Para abordar con mayor eficacia otras temáticas que tienen que ver con el mundo adolescente, se vuelven indispensables, y puntos de partida, las siguientes nociones: la perspectiva constructiva del concepto de adolescencia, la descripción y las implicaciones del derecho a la participación, la significación del tratado internacional que consagra los derechos humanos de la infancia y la adolescencia —la Convención sobre los Derechos del Niño—, la relación entre adultos y adolescentes y la fundamentación teórica de la metodología lúdico-reflexiva.

En este caso, se aborda la participación adolescente en el ámbito educativo, y se parte de la concepción de que el ejercicio de la participación es y conlleva un proceso educativo en el cual entra en juego el desarrollo de actitudes, habilidades y destrezas. No es una intervención unidireccional que competa únicamente al mundo adulto o al mundo adolescente. Los adultos debemos enfrentar el desafío de que nos induzcan a cuestionar nuestras actitudes. De esta forma se generan las condiciones propicias para que tanto adolescentes como adultos puedan expresar sus opiniones, escuchar a los demás, argumentar puntos de vista y llegar a acuerdos. Se presume que al promover la participación se asume un compromiso con los adolescentes que apunta al desarrollo de sus capacidades. Esto sólo puede darse en ambientes que respeten su dignidad como personas y sus características como adolescentes.

La participación es una manera directa de incidir en la realidad y de contribuir al cambio social en lo cotidiano y en cada grupo de referencia. Para UNICEF es prioritario estimular a niños y adolescentes para que conozcan y asimilen los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño. La escuela es el espacio apropiado para ello, si les permite a los niños participar en la gestión del centro y los estimula a pensar y a discutir sobre los derechos de otras personas. En un establecimiento educativo estructurado democráticamente, los alumnos deben aprender a equilibrar derechos y deberes a través de la interacción con otros alumnos, docentes y adultos. Este tipo de propuestas no será jamás un obstáculo en el camino hacia una efectiva educación; por el contrario, cuanto más aprenda el niño o adolescente a participar en su escolaridad y a dirigir su propio aprendizaje, más exitoso y perdurable será su desarrollo. Los centros educativos pueden ser, entonces, los lugares donde los más jóvenes aprenden a comunicarse, a resolver conflictos, a tramitar y desarrollar sus capacidades a través de una participación activa, conociendo los principios teóricos y la aplicación práctica de lo que significa tomar decisiones democráticamente.

Nuestra apuesta va en la dirección de Gerison Lansdown cuando, refiriéndose al derecho a la participación, afirma que la Convención ofrece una oportunidad estimulante de poner en práctica una reforma radical y creativa en la escuela. No hay duda, dice, de que una reforma de tales dimensiones significa una amenaza para muchas formas tradicionales de enseñanza, ya que implica dar a los niños y adolescentes un papel de mayor realce y redistribuir equitativamente el poder que rige el espacio escolar. Sin embargo, aunque las ventajas potenciales son muchas, básicamente se trata de incorporar una perspectiva sustentada en el respeto de los derechos humanos de todos y cada uno de sus miembros. Cualquier forma de participación que sea ajena a los principios de la Convención debe ser considerada ilegítima y, en la medida de lo posible, debe ser erradicada.

A pesar de este potencial, se presentan algunas trabas cuando se quieren inculcar valores o comportamientos democráticos en la escuela, principalmente porque la estructura básica suele ser verticalista y, también, porque la relación entre profesor y estudiante es desigual. Las formas tradicionales de enseñanza no promueven el aprendizaje sino la transmisión de conocimientos sin tener en cuenta las subjetividades. Esto, sin embargo, no disminuye la importancia de democratizar las estructuras escolares, los modelos de evaluación y los métodos de enseñanza. Estas medidas tendrán un efecto de carácter pedagógico e influirán indirectamente en los comportamientos y valores democráticos.

El compromiso de participación significa tomar las medidas apropiadas para que las escuelas se transformen en ambientes de aprendizaje seguros y de apoyo. En este sentido es fundamental fortalecer los vínculos entre el sistema escolar, la familia y la comunidad.

La educación es un bien público que hace posibles las transformaciones. Es una herramienta de equidad y una de las estrategias más potentes para alcanzar el desarrollo y consolidar sociedades pacíficas, solidarias y democráticas. No obstante, hablamos de educación de calidad como un derecho fundamental ineludible, pero lejano todavía del alcance de todos. Este material pretende ser una contribución a este fin, apostando a la reflexión pero asimismo al juego, por ser éste también un derecho y un canal de expresión y participación.

Los adolescentes son una fuente de creatividad, de iniciativa, de dinamismo y de renovación social. Si cuentan con la educación adecuada, podrán contribuir al desarrollo económico y al progreso de la sociedad. Por el contrario, si los adolescentes sienten que la enseñanza que reciben es distante y sin sentido, si conciben a la escuela o el liceo sólo como un espacio social de encuentro con los amigos y si su principal queja es que no son escuchados por los maestros y los adultos en general, entonces hay que plantearse una reforma radical y creativa de los centros educativos. Es en la práctica particular y en el vínculo entre el adulto y el adolescente que se generará un proceso de aprendizaje estimulante y motivador. Sólo así se legitimará ese proceso de transformación esperado.