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Home Kit 3 Capítulo III Agitando cucos en la salud: Ejemplos de un modo histórico de ejercer el control sobre el cuerpo social e individual
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Agitando cucos en la salud:
Ejemplos de un modo histórico de ejercer el control sobre el cuerpo social e individual

A lo largo de la historia, el tema de la salud ha sido también una forma de ejercer control sobre el cuerpo individual y el cuerpo social. Se ha infundido miedo utilizando una serie de cucos —la sexualidad, los aditivos que alteran los estados de conciencia, la violencia contra la propiedad y contra las personas…

Estos temas han dado lugar a una prolífica producción de investigadores. En Uruguay los han desarrollado Gerardo Caetano, Teresa Porzecanski y José Pedro Barrán (1995, 1996 y 1998), entre otros. Un cuco comúnmente agitado es el de la sexualidad, controlada históricamente por todas las culturas.

A principios del siglo XIX el tema de la salud no recibía mucha atención. La esperanza de vida era de unas pocas décadas y la muerte, incluso de los niños, formaba parte de la normalidad. La moral sexual distinguía drásticamente entre varones y mujeres: a éstas se les imponía cierto tipo de honestidad y hasta se negaba que tuvieran deseo sexual. Las uniones de pareja se celebraban a partir de la pubertad.

Un siglo más tarde, con la progresiva liberalización de las costumbres, la medicina encontró en la sexualidad desenfrenada un culpable de la enfermedad. Según se creía, el gasto físico generado por la actividad sexual producía un cuerpo debilitado, expuesto a contraer enfermedades como la tuberculosis. Sólo un estrecho control podía asegurar la salud. Ese control fue mucho más allá del cuerpo, hasta meterse en los lugares más recónditos de la conciencia individual y social.

Hoy los controles van por otro lado y los fantasmas perviven, aunque se agitan de una forma distinta. Como sostiene F. Savater (1996):

“Desde el punto de vista ético (aunque sólo sea terminológicamente), el dogma fundamental del estado terapéutico es que es malo cuanto va contra la salud y bueno cuanto la favorece.Pese a que ya no se acepten promotores diabólicos para las enfermedades, no se renuncia a subrayar las implicaciones morales de las principales dolencias: ni la sífilis fue el primer ejemplo de esta tendencia ni el sida será el último.”