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Home Kit 5 Capítulo IV Des-pareja, espacio y tiempo
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Des-pareja, espacio y tiempo

Los espacios físicos adquieren importancia porque es en ellos donde los adolescentes realizan el proceso identitario y donde comienzan a accionar de manera más independiente. A veces se enfrentan desde allí al mundo de los mayores.

Es frecuente que se ubiquen en maquinitas, ciber, plazas, shoppings, clubes deportivos o alguna esquina, lugares “alejados” del mundo adulto. La extracción socioeconómica del adolescente, la cultura en que está inmerso y el tipo de control que ejerce el adulto condicionan la elección del lugar.

Existen diferentes formas represivas que caen sobre los adolescentes por el uso de los espacios. De alguna forma ese uso está contemplado en el artículo 15 de la CDN, que refiere a la libertad de asociación. Las problemáticas que se suceden en torno a los lugares públicos, como el horario y las formas en que se utilizan, ponen en cuestión la libertad de encuentro, de asociación. El derecho se ve limitado por las comunidades que temen a estos encuentros.

La concepción del tiempo y su uso es un elemento de conflicto entre muchos adolescentes con los adultos. Los tiempos en los que se relacionan, tanto por su duración como por los “momentos” en que se producen, son los causantes de dicho conflicto. El paso del tiempo en la vida grupal adolescente se estira en un largo desperezo.

En él se alternan bostezos, risotadas, juegos conocidos, creaciones y transgresiones.

Existe para el adolescente todo el tiempo del mundo y por tanto, entre bromas y charlas más profundas, entre ocurrencias que descolocan a algún mayor, se suceden interminables horas, a la espera de que “pinte” algo (desde los adolescentes), de que crezcan (desde los adultos).

Por otro lado, la ocupación de ese tiempo y la realización de ciertas actividades en muchos de ellos marchan a ritmo de videoclip. Hay un cambio permanente, una búsqueda de multiplicidad de estímulos que se vincula en muchos casos al placer del vértigo y/o el jugar con el riesgo.

La conjunción espacio-tiempo habilita a ocupar aquellos lugares alejados de la mirada adulta y por tanto a un hacer más libre.

La noche es el momento más reclamado por los adolescentes y el más propicio para desarrollarse. Muchos eligen la luz de la luna, la sombra de una botella, el cobijo de mil luces de colores que se disparan velozmente, y tantos otros estímulos nocturnos. En algunos casos es en ese tiempo cuando se suceden contactos con la expresión más auténtica, más desinhibida.