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Home Kit 3 Capítulo III La conformación del cuerpo social. Una habilidad para la salud
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La conformación del cuerpo social.
Una habilidad para la salud

La adolescencia es una etapa de cambios y, por tanto, propicia para controlar, encauzar y prevenir rebeldías y excesos de todo tipo. En esa línea, muchas prédicas sanitarias apuntan al cuerpo y construyen una verdadera ética que hace un culto de su “cuidado”. El cuerpo es mirado como un objeto preciado al que se debe atender, pues de ello depende la extensión de la vida. Paralelamente —sobre todo en las sociedades urbanas de Occidente— adquiere cada vez más la característica de objeto capaz de despertar admiración (“belleza”). La perfección del cuerpo se convierte en un fin y es fuente de innumerables desvelos. Lo importante para esta visión hegemónica no son las necesidades y reclamos del propio cuerpo, sino el ideal del cuerpo eternamente joven y perfecto.

La ética del cuerpo se desarrolla en el cuerpo social, que actúa y se manifiesta en las más diversas circunstancias. Dentro del cuerpo social se construyen ciertos mandatos que tiñen a cada uno de los individuos y a veces generan confusión, dudas o contradicciones.

Existen los mandatos más generales, propios de la cultura en que se está inmerso, sobre lo que es deseable (por ejemplo, un cuerpo joven y perfecto) o indeseable (por ejemplo, ciertas prácticas sexuales o el consumo de determinadas drogas). Esos mandatos generan distintas respuestas individuales, entre ellas las que expresan temores que dificultan el accionar cotidiano de los adolescentes (por ejemplo, el ideal de un cuerpo perfecto puede generar trastornos de la alimentación).

Por otro lado, existen mandatos más particulares, propios de la familia, la comunidad o el grupo de pares, que se vinculan, por ejemplo, a las actitudes que debe tomar el cuerpo individual y a las formas de relacionarse con los otros. Son los mandatos que dicen cuándo es el momento de debutar sexualmente o de consumir sustancias tóxicas (legales o ilegales) y cuáles son los comportamientos inaceptables. Por ejemplo, el “no dejarse pasar por arriba”, “ir para adelante” o “no arrugar” son mandatos referidos a los gestos de valentía que se exige a los adolescentes