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Home Kit 1 Capítulo II Un cuento de sobrinos
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Un cuento de sobrinos

Hace un tiempo me encontré con Juan, uno de mis sobrinos, en una reunión familiar y, como es típico de una adulta que pretende entablar conversación con un adolescente de 13 años, hice gala de la más absoluta falta de imaginación y le pregunté: “Y, ¿cómo te está yendo en el liceo?”. Su respuesta fue bastante inesperada: “Lo que me salva es ser primo de Sofía”, contestó. Como Sofía resultó ser mi hija de 14 años, mi nivel de interés y atención inmediatamente subió varios grados: “¿Por qué decís eso?”, lo alenté a continuar. La explicación que me brindó me resultó sumamente sorprendente: “Lo que pasa es que en nuestra clase para mí que nos dividimos en tres categorías. Están los populares, los del medio y los que no existen”. Cuando le pedí que me explicara las diferencias, se largó a hablar: “Los populares pueden hacer lo que quieran. Hagan lo que hagan todo se les acepta. Ser del medio es distinto. Si sos del medio, no podés hablar con uno que no existe porque pasás a ser uno de ellos. Más bien tenés que burlarte un poco para que se note que sos diferente. Los populares sí pueden hablar con cualquiera, hasta con los que no existen, y no les pasa nada. Siguen siendo populares. Los que no existen, simplemente no existen, y chau. Lo difícil es ser del medio”. Conmovida frente a tan cruel análisis sociológico atiné a preguntarle: “Y vos, ¿sos del medio?”. Y él me contestó: “Sí. Ya te dije que a mí lo que me salva es ser primo de Sofía, que es popular. Si no fuese porque soy su primo, sería inexistente”.