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Home Kit 1 Capítulo II Apaga la vela
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APAGA LA VELA

Finalidad: Significar el fenómeno del juego en la vida humana, analizar las vivencias que despliega y reflexionar acerca de los mitos que lo rodean.
Tiempo estimado:
Una hora.
Materiales:
Una vela por persona.

Propuesta de desarrollo:

a) Entregar una vela de color a cada participante. Debe haber similar número de cada color. Una vez entregadas, encenderlas, y a una señal agruparse de acuerdo con el color de la vela sin que se apague.

b) Anunciar que cada subgrupo intentará apagar las velas de los otros grupos, evitando que los demás apaguen las suyas. Para ello podrán cubrirse con la mano o el cuerpo. Cada vez que una vela se apaga, se pedirá fuego al facilitador (única vela permanentemente encendida).

c) Trabajar juntos a partir de una serie de preguntas. A modo de ejemplo: ¿Qué sucedió en el grupo en general? ¿Qué diferencia hubo en el inicio de la reunión respecto al momento en que apagaban las velas?¿Cómo se sintió cada uno? ¿Qué estuvo haciendo que comúnmente no hace? ¿Qué le llamó la atención en cada uno o en los otros?

d) Volcar los elementos en un plenario. El facilitador los ordena y hace la devolución trabajando con los objetivos, mitos y significación del juego como fuente de adquisición de conocimiento y como necesidad básica del ser humano.

Otras posibilidades:

• Jugar en forma individual, sin necesidad de que haya velas de distintos colores. En forma simultánea, intentar apagar las velas de los otros y proteger la propia. Pasar directamente al plenario.

> Estas dinámicas puramente lúdicas resultan básicas para el conocimiento de los participantes, ya que implican un quiebre en los comportamientos.

> En pocos segundos un grupo se pone en movimiento, y del silencio se pasa a un bullicio ensordecedor.

> Los contrastes entre la cotidianidad y el juego inducen a reflexionar acerca de los diferentes momentos, los climas y la instancia de distensión que implica jugar para un grupo.

> Los sentimientos y acciones que se suceden permiten ver a las personas en otra dimensión. Por eso, perder la oportunidad de jugar supone desconocer un aspecto de la persona que en general aflora en los momentos en que estamos más relajados.